Davalos

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JDavalos Nació en Salta el 29 de enero de 1921, mas precisamente en la localidad de San Lorenzo pequeño paraíso serrano, hijo de Don Juan CarlosDávalos y de Doña Celecia Elena. Cursó estudios en su ciudad natal. Recorrió íntegramente su suelo patrio, de uno a otro confín, en contacto íntimo con la tierra y sus hombres bebiendo en los caminos, en las ciudades y aldeas ese rico venero que habría de transformar en poema, canto o relato.

En un tiempo se le dio por ser minero, según contó en el programa semanal de televisión que tenía en Canal 7 de Buenos Aires: "El patio de Jaime Davalos", a fines de la década del 60. Trabajó también como ceramista y como titiritero.

Introdujo un nuevo movimiento al proporcionarle imágenes conmovedoras y otros elementos poéticos de calidad a las canciones. En el norte Argentino se dice que "le puso palabras al silencio de su pueblo" como cuenta en su obra "El Nombrador". Esta metáfora tiene origen en el hecho antes mencionado, Dávalos dejo al falso estereotipo de un pueblo en constante carnaval sin preocupaciones y conto las verdaderas vidas, los pesares y las humildes y cotidianas glorias de la gente del pueblo y de los trabajadores. Se puede ver en trabajos como "El Jangadero", "Zamba de los mineros" y "Zamba de un triste". Con la música de grades compositores, torno popular y accesible poesía de gran profundidad. Este hecho es lo que ha provocado que la cultura oficial no lo reconozca como el poeta que fue, al igual que Manuel J. Castilla el hecho de haber emparentado su poesía con la música popular ha servido de prejuicio valorativo sobre su obra. Además está el hecho que durante la dictadura militar en Argentina, no se fue del país.

Jaime Dávalos no sólo fue un exquisito poeta sino también un gran recitador de sus versos.

Con respecto a las coplas, que escribió y recopiló con ávido afán, dice Dávalos: «Desde México a nuestra Argentina, la copla bajó por sobre el geológico espinazo cordillerano del continente atando lenguas y corazones, fijando un alma y un idioma comunes, poniéndole palabras a nuestros desmesurados silencios planetarios, donde el hombre americano, síntesis de todas las razas, convive con su madre tierra, ama y trabaja atado a un solo destino: la unión definitiva de América».”

Dice Jaime: “Yo soy un ser de una gran fecundia verbal. Capaz de hablar horas, días, años. Porque es como pircar; un viejo oficio de hombre que llevo puesto en la sangre, que lo he heredado de los mayores boliches, de la gente que no sabe que sabe, pero cuando empieza a averiguar le sale ese saber que ellos no saben: el saber popular.
Soy de difícil callar, largo demasiado el buche. Por eso nunca puedo estar metido en una cosa tramposa. Yo soy este que se ve de mí. Esto que soy en lo visible. No soy más que la apariencia, sombra que anda caminando, como dice la copla. En la copla, en los modos de conducta, hay un montón de cosas del folclore que uno no atina a saber de dónde vienen: es sabiduría vieja. Actitudes que he visto de mi padre que se repiten ahora en mí, como si yo fuera hoy el fantasma de él y todo eso en alguna medida muestra a aquel que asume a su padre, a su madre, a su patria, a su tierra. Acepta eso, se lo carga al hombro, con todos sus defectos, con todas sus virtudes.
“Me jugue todo lo que tenía a las manos de los hombres simples de la tierra. Creo en ellos. Me visto con las ropas que ellos hacen. Todas las palabras que hablo están potenciadas con el símbolo que callan los otros, aquellos que me enseñaron a hablar callando.”
“El silencio es el creador de la música. Los pueblos que han perdido el silencio han perdido también el oído para la música. No pueden distinguir el sol ni el fa de la claridad del mediodía o el atardecer. Ni en la luz lo que hay de música. Ni lo que hay de potencial música en la apertura de una boca que ya va a cantar y que no canta nunca. O que ha terminado de cantar una baguala y se ha quedado dormido, de noche, echado como un ciego. “
Inauguró un estilo seguido por poetas de la talla de Armando Tejada Gómez y Hamlet Lima Quintana. Fue parte de una de las sociedades más fecundas de la música popular argentina junto a Eduardo Falú a la que se sumaría la del Cuchi Leguizamón y Manuel J. Castilla que también dio altas notas para la cultura popular argentina.

Cuentan que tocaba de oído la guitarra y el charango y que como buen poeta, nunca pudo estar mucho tiempo quieto y salió a buscar al país como dibujante, alfarero y titiritero. En cuál de esas tardes habrán nacido las obras maestras como Río de tigres, Zamba de la Candelaria o Las Golondrinas.

A pesar de padecer una larga enfermedad, él quiso plasmar en cuerpo y alma su certera convicción frente al miedo y la traición de sus pares: “El hambre, la violencia, la injusticia, la voluntad del pueblo traicionada, no harán más que aumentar su rebeldía, no harán más que apurar en sus entrañas una revolución que viene a unirnos en una sola espiga esperanzada, porque América –tierra del futuro- igual que la mujer vence de echada”.

Según el crítico René Vargas Vera, "Jaime Dávalos era una celebración de la vida, de la inventiva, de la libertad. Era báquico por la inspiración que le dictaba su inseparable vino; epicúreo por celebrar el goce espiritual de la creación; sibarita por su espíritu refinado; hedonista por amar los placeres de la vida".

"La canción del jangadero", de la que pocos deben saber que improvisada en Rosario, en un boliche de humo y vino, fue grabada casualmente por un estudiante en su pequeño grabador Geloso. Al día siguiente, Jaime no recordaba nada de esos sentidos versos que cantan un himno al obrero del río: "Río abajo voy llevando la jangada. río abajo por el Alto Paraná... Es el peso de las sombra derrumbada, que buscando el horizonte bajará ". "Canto al río Paraná": 'Junta todas las aguas ¡padre de la bandera! Hidrográfico símbolo de unidad nacional. junta como las aguas las sangres de esta tierra, mezclándose en el pueblo bajo la Cruz Austral." En "Zamba correntina" dice como en un susurro: "Corrientes, novia azul del Paraná, Aquí te canto esta zamba, y siento que tu luz/ de greda litoral rebalsa el corazón del lapachar.

Fuente:todotango.com Angel Yonadi

Un directivo, accidental, del Canal vio con malos ojos que se cantaran poemas, canciones y Ioas el vino, y prohibió que se lo mencionara en el programa. Le comunicamos a Jaime esta absurda medida y la noche del programa, todos de acuerdo, hicimos el gran homenaje al vino. Todas las canciones y poemas lo tuvieron como centro. Jaime dijo con su voz tonante. "Hay cagatintas a los que les gusta el whisky y por eso permiten que se beba en todos los programas. Y quieren prohibir el vino. Pobre gente, desprecian al vino porque no saben del valor de la amistad que este genera. Si no podemos beber vino, este es nuestro último programa." De todas partes de la ciudad comenzaron a llegar gentes con botellas de vino para beberla, en cámara, junto a Jaime. Al día siguiente, cientos de espectadores se acercaron al Canal con botellas y damajuanas. Los diarios criticaron la medida oficial y el vino siguió campando en el programa. El país seguía cantando: "El canto del chalchalero en sangre la siesta moja y tiñe de amor la roja pluma del pecho con el chalchal " Después, Jaime, enamoradizo como pocos, (quedó encantado de la exuberante mesopotamia y comenzaron a florecer como ceibos sus canciones a los ríos: "El Paraná en una zamba": "Brazo de la luna que bajo el sol el cielo y el agua rejuntará, hijo de las cumbres y de las selvas que extenso y dulce recibe el mar."

Fuente:todotango.com Angel Yonadi

Formó una dupla inigualable con otro salteño, Eduardo Falú. Todos saben lo que salió de esa mezcla: la mejor letra con la mejor música. Y ganas de renovar el folklore, que por esos años ya sufría lo que sigue sufriendo hoy. Mal de muchos, consuelo de tontos. Junto con Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón, los de estos dos salteños quedan grabados en el folklore serio de la época.

Jaime Dávalos recordó en un libro cómo nació La nostalgiosa en la española Avenida de Mayo. “Nos sentamos en un bar, en la vereda, y nos pedimos un jerez; un rayo de sol deslumbraba la copa mientras en un papelito que me dio el mozo comencé a garabatear aquel sentimiento vago de desgarramiento interior, de desposeído. La melancolía del trasplantado, del hombre del interior que viene a Buenos Aires no porque quiere sino porque sólo es la gran urbe. Siente que él es hijo del país, que mama su energía vital y por nostalgia vive selectivamente ese paisaje y esos hombres de su tierra, con la perspectiva crítica que da la ausencia”, dijo Dávalos. Mientras tanto, Eduardo silbaba y caminaba por esas calles junto a su entrañable amigo.

Canción del jangadero (Jaime Dávalos - Eduardo Falú)
Juanito Laguna se salva de la inundación (Eduardo Falú - Jaime Dávalos)
Las golondrinas (Jaime Dávalos - Eduardo Falú)
Tonada del viejo amor (Jaime Dávalos - Eduardo Falú)
Sirviñaco (Jaime Dávalos - Eduardo Falú)
Canciones

Canción del jangadero
Hacia la ausencia
La angaquera
La golondrina
La nochera
La verderrama (cueca)
Pato sirirí
Tiempo dorado
Trago de sombra
Vamos a la zafra
Vidala del nombrador
Zamba de la Candelaria
Zamba de los mineros
Zamba de San Juan
Zamba de un triste
Fuentes: portalsalta
clarin
todotango

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